Pues sí, ¡al final aprobé el práctico del coche!
Fué algo sorprendente, por lo inesperado más que nada. Quizás la expresión “manojo de nervios” adquiera en mí una nueva dimensión después de esto. Los twitteros ya os enterásteis ayer. Si tienes un momento y nada mejor que hacer, te explico con un poco de detalle cómo fue el tema:
La cosa ya empezó mal. El exámen era a las diez y se supone que es llegar y examinarse, al menos eso decía mi profesor, pero al final llegó mi turno a las doce y media. Sí, dos horazas y media dando vueltas, sentándome, dando más vueltas, hablando con la que se examinaba conmigo, sentándome, dando otra vuelta más… en fin, voy a parar porque creo que queda claro.
Ni que decir tiene que después de tanto tiempo esperando había un acúmulo de tensión y nerviosismo en mi cuerpo que pocas veces he experimentado. Ya para las oposiciones estaba tenso, pero esto era otra cosa. A fin de cuentas, si en un exámen escrito la cagas de lleno nadie se da cuenta, pero aquí tienes a tres personas presentes, una de ellas el examinador y, lo más importante, a tu espalda. ¿Alguna vez has tenido la incómoda sensación de que álguien te observa? Pues aquí es una certeza. De hecho, miras por el retrovisor y todas tus sospechas se confirman. No solo te mira, sino que no te pierde ojo. Y apunta cosas en un papelito…
Aún con esas, y tras el examen de mi compañera que fue de cinco minutos -la pobre se metió en una rotonda sin mirar y casi se nos comen sin empujar con pan-, comencé el mío con unos nervios enormes, pero contenidos. Como sí te acercas a una torre de alta tensión, o pegas la oreja al cargador de tu móvil, y notas ese ruido. Pues algo así debía emitir yo durante los veinticinco interminables minutos que duró la prueba. Si os digo la verdad, recuerdo todo muy vagamente, y es que yo era un autómata que obedecía órdenes, pero mi yo consciente se encontraba adormecido. Sé que fue todo por vías principales, que aparqué una vez con algo de dificultad y que pasé por una calle muy estrecha con coches a ambos lados.
Total, que me dice que haga una parada, la hago, nos dice a los alumnos que podemos bajarnos del coche, nos bajamos y yo liberé toda la tensión -no, no me tiré un cuesco-, el corazón me empezó a latir rapidísimo durante un minuto más o menos y luego me tranquilicé. Nuestro profesor y el examinador estuvieron cinco minutos hablando en el coche, sale el examinador y nuestro profesor dice que entremos y casi sin darnos tiempo a cerrar las puertas empieza a caerle la bulla a mi compañera. Bla bla bla bla y para mí nada. No sabía si era porque pensaba racionar la ira en dos turnos o porque tal vez estuviera aprobado. En un momento dado, para de regañar a la chica y me tiende la mano –Enhorabuena, has aprobado- Yo solté un “¡¡¡¡BIEnn…. ejem… jem…” y dejé que siguiera la charla con mi compañera. Era su tercera vez.
Y eso es todo. Aquí os presento la prueba del éxito, mi propia ele de Lerdo al volante:

Qué ilusión, ya podrán escribirme aquello de "Lávalo guarro, que no encoge"
La DTG os avisará a través de su página web cuando yo salga con el coche, así podréis extremar las precauciones.