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Cabreado con la TDT

Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 picomike Sin comentarios
El señor Sebastián encendiendo la TDT. Habrá que ver el tamaño de la tele.

El señor Sebastián encendiendo la TDT. Habrá que ver el tamaño de la tele.

Vale ya de intentar vendernos la moto con que la TDT es el futuro. Desde luego que lo es, pero ahora mismo no en el sentido de “posibilidades futuristas” que ellos nos quieren vender. Los canales nuevos de vez en cuando crean unos anuncios para publicitar el nuevo formato de televisión y siempre son iguales. Aparecen escenas espectaculares de películas, naves espaciales, sonidos como muy del futuro, logos girando en 3D y nos intentan hacer creer que podemos ver las últimas películas de estreno con sonido 5.1, varios idiomas de audio y subtítulos, diferentes ángulos de cámara…

Vamos, que cuando acaba el anuncio te parece que tener una tele con TDT es tanto o más que instalar un IMAX en el salón de tu casa. El problema es que cuando acaba ese anuncio vendemotos, empieza la teletienda con el Vibropower y esos magníficos culos con el tembleque y se acabó el futuro, los cienmil idiomas de audio, el sonido envolvente, las películas espectaculares y las programaciones de calidad. Para colmo, cuando deciden poner una película en condiciones, te la colocan con un solo idioma (aunque esto parece estar cambiando), imagen en 4:3, sonido stereo mondo lirondo y los subtítulos del teletexto si es que les da por ahí. Ah, y una guía de programación EPG que da vergüenza ajena.

Señores, ya sé que hay crisis y a lo mejor no es el mejor momento para adecentar unos canales digitales que hoy por hoy son del todo absurdos e inútiles, pero no nos vendan la moto ni nos coloquen la escena de Tom Cruise en Minority Report toqueteando una pantalla virtual en el aire porque no cuela. Y no, no pienso comprar el HP Pavilion, hombre ya.

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Recomendación peliculera: Away we go

Sábado, 17 de Octubre de 2009 picomike 1 comentario

Amigos y amigas, este post no está dedicado a quejarme de nada. No señor. Para variar, os voy a recomendar una película. Vale, con el título del post ya sabéis todo lo que vengo a decir, y en fin, básicamente es eso.

No paro de escuchar entre mis amigos el descontento general que hay con las películas que se estrenan, así en general y salvo honrosas excepciones. Yo también estoy cansado de historias sin chicha que, aunque pasen mil cosas, sales del cine pensando que has visto una historia de cartón piedra, impresionante por fuera, pero hueca.

Un lugar donde quedarse (o Away we go, que es como la he conocido yo) está dirigida por Sam Mendes -eso es, el de American Beauty- y cuenta una historia llena, con personajes humanos y calentitos. Es una de esas historias en las que los protagonistas te hacen un hueco en su vida y los acompañas de principio a fin en lo que les va ocurriendo. La vives con ellos, te implicas con ellos, te ríes y te emocionas con ellos.

No soy muy bueno recomendando películas que me gustan, porque no quiero adelantar ni una pizca de lo que luego veréis, así que no voy a soltar nada del argumento. No voy a poner ni un mísero enlace a IMDb y por supuesto, nada de trailers. Eso ya corre de vuestra cuenta.

Vale, voy a aclarar que no es el Peliculón del año -llámalo cine independiente-, pero es una de esas que no temo recomendar a nadie porque será raro que a alguien no le guste. Si tienes una noche de estas que no sabes qué hacer y quieres vivir una historia con sustancia y mucho fundamento, con puntazos buenísimos y momentos emotivos, sinceramente, esta película es una cosa buena en la que emplear tu tiempo.

Para los que veis The Office, decir que sí, el protagonista es el actor que interpreta a Jim en la serie. Se estrena el 20 de Noviembre en España, aunque en Estados Unidos ya se estrenó hace un tiempo, así que la forma de verla, cómo no, queda a vuestra entera elección. No os arrepentiréis.

(Vaya, al final sí que hay un enlace a IMDb)

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Maldito Spotify

Sábado, 17 de Octubre de 2009 picomike 8 comentarios

Desde aquí maldigo a Spotify. Desde que existe, dispongo de la mayor parte de la discografía musical de todo occidente. Puedo acceder a ella de forma instantánea y efectuar búsquedas ultra rápidas en su infinita base de datos y escuchar cualquier tema, disco o discografía del autor que me plazca. Todo ello gratis.

Maldigo a Spotify. Cada vez que alguien habla de una canción o un artista musical que desconozco, acudo al programa y lo escucho. Si me gusta, lo agrego a una lista de reproducción para escucharlo más tarde. Incluso puedo pasar esas listas a mis amigos o conocidos, o a quien me de la gana y compartir ingentes cantidades de música. Hay páginas en internet que se dedican a crear y distribuir estas listas y muchas de estas páginas lo hacen con un buen gusto excelente.

Recuerdo cuando salieron los emuladores de videoconsolas para PC. Fue un poco antes de que empezara a popularizarse el uso de internet en España. Meses después ya había decenas de CDs llenos de ROMs para los emuladores y pensé que era lo mejor que me podía haber pasado. Piénsalo: Todos esos juegos de SNES que siempre quisiste poseer y jugar, de repente a tu alcance. Maravilloso, ¿verdad?

Pues no, nada más lejos de la realidad. Creo que no seré el único cuando digo que los emuladores han conseguido, paradojas de la vida, que no juegue absolutamente a ninguno de aquellos juegos. Es decir, tienes cientos y cientos de ROMs en una carpeta… ¿te vas a conformar con jugar sólo a un juego? No, lo que haces es probar y quitar, probar y quitar. Ir de juego en juego sin jugar realmente a ninguno. Pones Super Mario Bros, te mata una seta traicionera y ¿qué haces? Pues lo quitas y pones otro. Y así sucesivamente hasta que te cansas, te hartas, te saturas de emulador y te olvidas por un tiempo.

Maldigo a Spotify -y a internet, por extensión- porque ha logrado que no escuche música. Los nuevos artistas y nuevas composiciones pasan por mis oídos rápido y con la misma rapidez desaparecen. No se crea vínculo alguno con la música que se oye porque ya tienes cientos de canciones a la cola esperando ser escuchadas. De hecho, la música que me gusta realmente es la que ya me gustaba antes de que toda esta revolución llegara. Nos hemos convertido en unos consumidores compulsivos de material audiovisual. Vemos películas y al rato ya las hemos olvidado. Escuchas títulos y no sabes si la has visto antes o no. A veces te pones a ver una peli y hasta bien entrado el argumento no te percatas de que esa ya la viste en alguna ocasión… aunque no recuerdas el final. Antes ibas al videoclub y la película que alquilabas con la poca pasta que tenías la veías, la reveías, la hacías tuya y contagiabas a tus amigos para verla. Y quedaba grabada en tus recuerdos a fuego. Ahora no sabes si la película que te gustó tanto el mes pasado se llamaba Asesinato Letal u Homicidio Fatal.

Si ya teníamos el mundo en nuestras manos, ahora con Spotify prácticamente nos lo dan cortado, masticado y digerido. Somos oídos bobos que no escuchamos, no apreciamos realmente una mierda la música que nos llega, aunque sea buena y aunque nosotros mismos digamos y creamos que es buena. No, en verdad dentro de dos meses ya no la estaremos escuchando y casi la habremos olvidado. No sé si me habré explicado bien, pero para mí la música ha muerto un poquito más.

Maldito Spotify.

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El maillot de la regularidad

Viernes, 18 de Septiembre de 2009 picomike 5 comentarios

Nos da por donde nos da. Hace años eran las pulseras magnéticas, después las almohadas-huevera, que al parecer tenían una forma tal que tu columna permanecía recta aunque durmieras haciendo el pino. Luego apareció el aloe vera como la llegada de un nuevo dios de la salud y la belleza, todo potingue femenino tenía su pizquita de aloe y vendían palés y palés de productos aloeizados como si fueran el santo grial. Más tarde llegó la soja y de pronto la sabiduría milenaria del lejano oriente quedó a un paso de nuestras casas, en las estanterías de todo supermercado que se precie de haber llegado al siglo XXI.

Ahora tú pones la tele por la mañana y, entre los anuncios de véndeme-tu-oro, colchones de viscolátex y robots de cocina, hay una remesa importante de anuncios de cuidarse (la línea, la alimentación, la piel grasa, la piel seca, el cabello teñido, los talones resecos y agrietados) y entre ellos se encuentran, hablando en román paladino, los productos del buen cagar.

La reina de las mañanas sigue siendo Ana Rosa, no sé si en términos de audiencias le superará Susan(n)a “morritos” Griso, pero hay una nueva autoridad en la tele mañanera: la fibra. No verás a esas horas mayor concentración de anuncios de productos con el añadido de la fibra, que si el plan Special-K, que si Activia (el antiguo Bio), que si muesli con frutas, con chocolate, muesli que está tan bueno que no parece muesli, cereales de desayuno con salvado tipo All-Bran, que si “producto mágico con el que comes y no engordas”, que si patatín, que si patatán.

Luego se inventan una palabra que hasta que no la escuché en la tele no sabía que podía adoptar ese oscuro significado: la regularidad. Acuérdate de Coronado diciendo a su amiga en sus primeros anuncios de Bio de Danone, que el yogurcito era bueno para… la regularidad, que más tarde se refinó aún más sustituyéndolo por el “…ya sabes” mientras removía la cucharilla de postre en el aire con gesto pudoroso, sonrisa picarona y cara sonrojada.

Ahora sí, chavales. Ahora sí

"Yes, we can"

Ahora todos debemos ser regulares como sea y  toda costa. Si un día, por lo que sea, no liberamos a Willy, hemos de sentirnos sucios, incómodos, pesados y tristes. Imagino que habrá gente que marcará en su calendario cuándo va teniendo sus momentos All-Bran para si algún día no se produce tan grato suceso, aplicar una buena dosis extra de fibra. ¿Que estás en el bus, en el metro o en el trabajo y recuerdas que hace ya dos días que no… ya sabes? Pues nada, sacas de tu bolsito una barra de muesli con frutas del bosque y chocolate que te va a poner en horario GMT +5 en menos que canta un gallo. Hasta sacaron un ColaCao con fibra y algunas pizzas de Casa Tarradellas (las que llevan mucha verdura, basicamente) son con masa integral. La industria alimentaria no puede dejar pasar tamaño filón.

En el programa de salud de las mañanas de la primera, la insigne doctora Roselló insistía día sí y día también en lo buenísima y saludabilísima que es la fibra, recomendaba “la buena legumbre”, “el buen pan integral”, “la buena espinaca/acelga/alfalfa” y los preparados de herboristería, así que puso a al 90% de la población mayor de 65 años a obrar de vientre a toda pastilla.

El otro día viendo la tele mañanera me di cuenta de que nunca me he parado a pensar sobre todo eso aplicado a mí mismo. No tengo ni la más remota idea de la frecuencia con la que calculo el PIB, pero de momento no he tenido ningún problema al respecto. No como nada de fibra, me refiero a productos industriales procesados, aunque viendo el bombardeo mediático y publicitario al que nos someten me pregunto, ¿lo estaré haciendo bien? No lo tengo nada, nada claro…

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Enajenación mental hispánica

Viernes, 28 de Agosto de 2009 picomike 11 comentarios

Somos la leche. Yo sí creo que los españoles, así en general, somos gente amable, alegre, pacífica, generosa y dispuesta a echar una mano; de verdad que lo creo. Sin embargo, hay una palabra que nos enajena, nos posee, nos transforma por completo y nos convierte en unos seres del inframundo dispuestos a la violencia más absurda por conseguir algo que muchas veces ni sabemos lo que es ni para qué nos servirá. Esta palabra es:

Gratis

En efecto, todos hemos estado en masificaciones de gente en las que, en un momento dado, notamos una conmoción en la fuerza y es porque alguien ha traído cosas gratis para que la gente se sirva libremente -o ponen a alguien a repartir, pero sólo al comienzo-. Da igual lo que sea, bolis, folletos, gorras, las codiciadas y horrorosas camisetas con publicidad de una empresa local (Construcciones Pépez. SL), muestras de perfumes, alimentación o lo que sea.

Sientes la conmoción, te giras y ves una auténtica avalancha humana que se aproxima y concentra en un punto concreto. Por supuesto, no ves lo que hay en el centro del vórtice, pero sabes que hay que ir, que hay algo gratis y que hay que pillar cuanto se pueda de eso. Una amiga que trabajó en una empresa de cátering (zeta-jones, va, tenía que hacerlo) me contaba que le daba auténtico pánico salir a un salón lleno de gente con una bandeja de canapés, porque daba igual el nivel económico, la edad, sexo o creencia religiosa. La gente se apostaba junto a la puerta de la cocina esperando la salida de alguna bandeja para abalanzarse sobre ella -y sobre la portadora- y desvalijarla como zombies hambrientos, vampiros sedientos o buitres carroñeros. Era imposible para ella alcanzar el otro extremo de la habitación con una bandeja que conservara algún canapé y nunca faltaba el que se quejaba desde el fondo: “¡Ehh, qué pasa, que aquí no llegan!”.

Yo paso, la verdad. Soy de los que se quedan fuera de las marabuntas estas. Sólo en una ocasión decidí pelear por unas bolsitas de patatas fritas que repartían en la entrada de mi facultad y no pude ser más empujado, golpeado, vapuleado, insultado y denigrado. Al final, claro está, yo también repartía mandobles por doquier y conseguí mi recompensa. Pero cuando se deshizo la tangana y me quedé allí solo con mi bolsita con no más de diez patatas fritas me sentí la persona más estúpida sobre la faz de la tierra. Recibí más codazos y empujones que patatas. Desde entonces, mi forma de actuar ante estas situaciones es clara: mantenerme al margen (ah, y disfrutar del espectáculo).

Una vez escuché a una señora mayor (las peores, no digas que no, tumbarían a Hulk Hogan por una muestra de Actimel), salir de un agujero negro con una escuadra y un cartabón y se reunía con su amiga que le esperaba fuera:

- ¿Qué te han dado? ¿Eso qué es?

- Unas reglas de esas para dibujar. -la señora tenía una idea-

- Ahhhh, ¡mira que bien!

- Esto pa mi nieto, que está estudiando.

- ¿Qué estudia?

- Medicina.

¡Y tan contentas, oye! Allí que se alejaban las dos tan ufanas con sus reglas de esas para dibujar más felices que dos perdices mientras, a mi lado, seguía el reparto de escuadras, cartabones, empujones y hostias como panes. Y es que en España semos asín. Si no quieres participar en el follón encima siempre tienes algún conocido que te lo recrimina: “¿Estás tonto? ¡Que te quedas sin mochila para la playa!” o hasta te trae un ítem para ti y te dice “¡Ayyy, si no fuera por mí, que estás atontao!” Yo por mi parte seguiré quedándome al margen, conservando mi integridad física, mi dignidad, y el Actimel para usted, señora.

Como bonus track, el vídeo demostrativo perfecto. ¿Cuánto crees que durarían ciento veinte paraguas gratis en mitad de Fitur?

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Qué hemos hecho mal, en cuatro puntos

Martes, 21 de Julio de 2009 picomike 7 comentarios

Todos nos hemos enterado de dos sucesos que han conmocionado a la sociedad en estos días: las sendas violaciones de niñas de trece años a manos de un grupo de menores, en un caso, y de mayoría de menores en otro. He quedado tan impactado por ver a la gente rasgándose las vestiduras y entonando el qué-hemos-hecho-mal-dios-mío que he tenido que conectar el móvil al portátil y soltar mi opinión.

Los que me habéis leído en las raras ocasiones en las que me pongo seriote, sabéis por donde voy a tirar, y lo principal es que la solución no está en rebajar la edad de responsabilidad penal. Eso es como tomar aspirinas cuando ya duele la cabeza. Lo que se necesita no es un tratamiento sintomático, eso no soluciona las cosas. La cuestión es ir a las causas del dolor para ponerles freno y lograr una solución realmente válida y duradera.

¿Dónde está el problema? Empezaré por el punto uno del proceso de socialización: La familia. Nadie me negará que el núcleo familiar es decisivo, que son los cimientos de la formación de la persona como ser social. Pues bien, los padres hoy en día han perdido la facultad de educar. Los niños de ahora se convierten en pequeños príncipes mimados y consentidos que logran cualquier cosa que piden. En muchas ocasiones su autoridad se extiende sobre la de los propios padres, que han perdido la fuerza moral y correctiva para guiar a su hijo y son meros genios de la lámpara/ concede-deseos para el niño. Ven lo que quieren de la tele, juegan a los videojuegos que les da la gana, usan internet sin filtro ninguno y los padres no se implican. Las causas de esto podrían dar para muchos posts y muchos libros.

Y paso dos, llegan a la escuela hechos los reyes del mambo. Aquí ya el maestro de turno se encuentra con un grupo de niñatos que ignoran cualquier tipo de valor moral o disciplina y llegan bien enterados de lo que es un trío, un 69, una demanda, unos cuernos y todo lo que ven y oyen “por ahí” mientras sus padres están trabajando o pasando de los hijos. El maestro, para más inri, ha perdido toda la autoridad que tuvo en un principio, y se le ha retirado cualquier posibilidad de aplicar medidas correctoras. Un niño es un niño, y si no le pones límites va a hacer lo que quiera, si le dejas agarrarte un dedo se va a pillar el brazo entero y cuando acabe con tu brazo, irá a por el resto.

El niño Fulanito hace veinte años llegaba, hacía una trastada y el maestro le castigaba, llegaban los padres y aplicaban (o no) su propio correctivo en sintonía con el educador. El niño Menganito llega hoy a la escuela, la lía parda y el maestro sólo puede avisar a sus padres que, o pasarán del tema y el niño saldrá de rositas, o la emprenderán con el maestro y el niño se saldrá de rositas. Obtenemos un niño que no sabe leer ni escribir bien (el maestro ha de perder la mayor parte del tiempo pidiendo orden en clase) y sin embargo está “bien” enterado de otros aspectos de la vida. Siempre pongo el mismo ejemplo: hace años, cuando de pequeño iba al barbero a que me pelara, siempre me decía que no me moviera “o me cortaría las orejas”. Yo me quedaba inmóvil y callado esperando no perder ninguna de ellas. Bendita inocencia. No hace mucho se produjo la misma escena con un niño, el barbero le dijo que si se movía le cortaría las orejas, y el niño salto con un “y yo te corto a ti los cojones”. Ocho tiernos años. Para comérselo. Y el padre va y se ríe. “¡Qué listo que es mi niño!”

Bueno, no estoy en mi mejor momento para explicarme, aunque creo que se me va entendiendo. Lo que tenemos ahora es un auténtico Rey de la Casa, con los súbditos directos que son los padres, aunque su autoridad se extiende más allá gracias a lo que ahora se ha malentendido como “buena educación” y que antes sería “malcriar” al niño.

Vamos al tercer factor, la hipersexualización de la vida cotidiana. Se ve, se siente, el sexo está presente. Donde quieras que vayas, a la hora que sea, los niños se enfrentan a un volumen de información sexual enorme y desestructurado. Todo se vende con un festival de culos y tetas, tetas y culos. Hasta el más tierno infante sabe lo que es “follar”, sabe que es bueno, y que el que lo hace es superior al que no lo hace. Como darle un revólver cargado a un mono. Exceso de estímulos sexuales, que hasta a mí me parecen sobrecargantes, en la mente-esponja y todavía blandita de un chaval causa estragos. Lo oyen todo y van a San Google donde encuentran todo con pelos y señales, pero sin las bases morales y éticas que lo deberían mesurar y orientar. Cosas tan chulis como un bukkake y tan diver como una mamada son ampliamente conocidas por nuestros chavales. ¿Dónde están los papis? Currando o viendo Dónde Estás Corazón. Y en el segundo caso, los niños están con ellos.

Cuarto factor, el grupo. No hace falta que todos los miembros de un grupo de niños den el perfil de enteradillo y consentido que acabo de comentar, si bien a mayor número, más fácil es que todo se desmande. Así que tenemos un grupo de niños “informados”, sabiendo lo que mola “echar un polvo”, que han visto “orgías” en internet y saben con un vistazo cuándo es silicona o cuándo es natural. Conocemos que en el ámbito de un grupo las personas somos capaces de hacer cosas que solos no haríamos jamás. El grupo imprime fuerza a los miembros. Pues en este grupo se juntan las hormonas incipientes, el exceso de mala información, la ausencia de valores y de freno moral y la niña que va sola de la feria de su pueblo hacia su casa. “¿Eh tío, nos la follamos?” -dice el líder del grupo- “No hay cojones” -responde el segundo de a bordo-. Incluso alguno de ellos sabrá que a los menores “no se les puede hacer nada”, en todo caso están acostumbrados a la impunidad. Clic, a partir de aquí el engranaje comienza a girar. Al final, media España se echa las manos a la cabeza y se pregunta qué pasa. Venga, por favor

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Ensaimada 3.0

Domingo, 14 de Junio de 2009 picomike 1 comentario

Sorprendido me encuentro ante el “nuevo” concepto de televisión que presenta Antena 3. Lo han dado en llamar 3.0, que suena muy tecnológico, muy informático y muy futurista pero que no es más que lo de siempre. Es decir, una cadena generalista con dos canales extra en TDT, contenidos en internet a través de su web y emisión a través de dispositivos móviles 3G. No varía mucho con lo que llevan haciendo otras cadenas desde algún tiempo. La cuestión es que esos contenidos están enlazados de alguna manera entre las distintas plataformas, pero no es sino en ocasiones contadas cuando esto ocurre, como en aquel episodio de El Internado al que tanto bombo dieron durante bastante semanas antes, que se emitió en .neox y .nova en forma de extras como escenas de rodaje y comentarios del director, y a través de internet con un chat donde la gente ponía sus paridas a ver quién era más listo y más gracioso.

Lo curioso de todo el rollo 3.0 es el toque futurista chungo y de modernidad rancia en plan Blade Runner (no-te-metas-con-Blade-Runner) con tecnologías que están presentes entre nosotros hace años luz (o al menos esa sensación me da). Este toque cutrecillo viene en gran parte de la mano de lo que ellos han dado en llamar la presentadora 3.0. Esta señorita parece salida de un documental futurista de los años 50, de aquellos que nos mostraban artefactos y prendas de vestir de como se suponía que iba a ser la humanidad en el año 2000, estrafalarios vestidos, vehículos y mobiliario que hoy provocan risa, más cuando van acompañados de aquella música trompetillera de los documentales de entonces. Pues ese look trae nuestra presentadora 3.0. Justo cuando la tecnología intenta hacerse cada vez más humana, nos llega esta señorita robótica y fría, pero con un pretendido y supuesto toque secsi (según palabras de la propia actriz, siente que habla “como una actriz porno”) para acercar más a la manada masculina, o algo de eso.

Esta actriz, Nerea Garmendia, es una chica vasca de 29 años que se hizo famosa en Vaya Semanita de ETB y después apareció como psicóloga en Los Hombres de Paco y era pero que muy guapa. Digo era porque en el proceso de transformación robótica por parte de los cerebros de la operación 3.0 le han caído como diez años más, le han dejado el pelo como una ensaimada con cola de caballo plastificada a base de laca, la han pintado de blanco para eliminar cualquier rastro de persona saludable y lozana, la han embutido en un vestido rojo del futuro y, en resumen, la han dejado hecha un adefesio.

La pena que me dio ver el crimen visual que han cometido con esta chica es lo que me ha impulsado a escribir esto y a dejaros dos fotos que lo demuestran. Desde luego sí esto es el futuro, que paren que yo me bajo aquí:

Belleza natural y buen rollo general

Belleza natural y buen rollo general

Después de criogenizarla y pasteurizarla

Después de criogenizarla, aseptizarla y pasteurizarla

(la ensaimada sobre el pelo no corresponde a la imagen real y se proporciona exclusivamente con fines dramáticos)

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Talibanes de la verdad

Sábado, 23 de Mayo de 2009 picomike 14 comentarios

La gente que ve los realities de televisión está al tanto de uno de los nuevos valores personales que han aparecido y que últimamente está muy bien considerado: Decir las cosas a la cara. Esta es la característica básica del personajillo medio participante en Gran Hermano (o en Ven a Cenar Conmigo, gran concurso) y es una de las cosas que se apresura a decir en su vídeo de presentación y que exhibe con mayor orgullo:

- No me gusta la gente falsa, yo digo las cosas a la cara y voy con la verdad por delante.

Aunque en teoría estas características son buenas (no ir por la espalda y no mentir), lo que se esconde tras esta afirmación es el perfil de una persona insegura, prejuiciosa, buscabroncas y, como hubiera dicho mi abuela, maleducada. Huyo de ellas como del demonio. Es la primera persona en encontrar el conflicto en una convivencia que bien podría ser agradable, armoniosa o al menos correcta y pacífica. Si has compartido piso durante muchos años seguro que te encontraste con alguien así también.

img_1 Al día siguiente de conocer a alguien, ya anda diciendo que hay algo oscuro, algo que no le cuadra de cierta persona, o que esconde algo, sin haberse preocupado en conocerla lo más mínimo. Se las da de calar a la gente a la primera y mete la gamba a menudo por esto, aunque tiende a olvidar su error. Si hay alguna pelea, no soporta que alguien se mantenga al margen y tienes que pronunciarte a favor de un bando, esgrimiendo el manido y resobado “si no estás conmigo, estás contra mí”.

No se cortan un pelo en pedir respeto hacia su persona, y al mismo tiempo no se cortan a la hora de faltárselo a los demás porque dicen “las cosas a la cara”.

Esta pandemia de sinceridad sin filtro es algo que nos azota con especial dureza en estos últimos años y que va asociado a falta de valores de las últimas generaciones. Se ensalza con vehemencia en los programas de televisión del estilo de los anteriores hasta el punto de que un chaval de quince años cree que es bueno llamar gorda a su compañera de clase “porque es verdad que está gorda”. O aquella persona que llama imbécil o insoportable a otra con la que va a tener que convivir varios meses simplemente porque piensa que lo es, sin considerar previamente las consecuencias de su exabrupto.

INMA_GRANDE Cuando un candidato a entrar en Gran Hermano dice en un casting que es una persona auténtica que dice las cosas a la cara, al equipo de psicólogos seleccionador se le enciende la luz roja y comienzan a frotarse las manos sabiendo a ciencia cierta que han encontrado petróleo. Están seguros de que va a dar juego (que la va a liar) y se apresuran a seleccionarlo para la siguiente fase remarcando en la ficha de selección con rotulador rojo que no se les ocurra dejarlo escapar.

No saben, ni sabrán jamás lo que es la empatía, rechazarán de forma instantánea al que no se posiciona en su bando o no le baila el agua lo suficiente y lo pondrán verde a la cara, pero también por la espalda, claro que sí, que lo cortés no quita lo valiente.

Y todo esto para llegar a lo de siempre: Aquí falta educación a mansalva, pero no educación de saber quién era Platón (que tampoco viene mal), sino educación en el sentido clásico, en el sentido de abuela, de buenas formas y respeto, al menos hasta que no tengas elementos de juicio sólidos y motivos de peso para desprestigiar a alguien.

Al tiempo que soy defensor de la verdad y la transparencia, lo soy también de la ocultación y la mentira. Cualquiera de estos instrumentos son buenos y válidos en nuestras relaciones con los demás, la clave está en ser hábil y virtuoso en su uso y que el fin último sea hacer el bien. A veces callar es bueno, a veces mentir es conveniente, a veces decir las cosas a la cara duele y perjudica. No seamos talibanes de la verdad, ya que esta puede herir tanto como la mentira o hacer tanto bien como una mentira mesurada y orientada a evitar males mayores. Y por supuesto, siempre que sea posible, optar por la verdad. A fin de cuentas, muchas veces la clave no está en lo que dices, sino en cómo lo dices.

El negocio del miedo

Lunes, 27 de Abril de 2009 picomike 10 comentarios

Vivo en un mundo donde la humanidad estuvo a punto de extinguirse por culpa de la gripe aviar, un mundo donde si sales de fiesta una noche tienes casi todas las papeletas para morir apuñalado en la puerta de una discoteca o hasta de sobredosis de cualquier tipo de droga.

Un mundo este donde los videojuegos tienen la culpa de que los jóvenes pierdan la cabeza y asesinen a su familia con una espada japonesa. Donde los chats están plagados de pedófilos y asesinos en potencia y a todo el que entre en tuenti le puede ocurrir lo que a Marta del Castillo.

En este mundo hay un país llamado Corea del Norte, donde un tío loco está a punto de declararle la guerra al mundo, si no lo hacen antes los iraníes, claro.

En este mundo parece ser que todos los curas son pedófilos, todos los catalanes odian a quien habla en castellano y todos los vascos son pro-ETA y prácticamente si vas allí eres un insensato que valora poco su vida.

Como en el planeta Tierra estamos en crisis, si gastas eres un loco. Si no tienes es lógico, pero si tienes… ni se te ocurra, la cosa se va a poner muchísimo peor y va a durar años y años. Es decir, contra la crisis hay que paralizar la economía. Es lo mejor.

Como hay crisis, la gente está comenzando a robar en masa en los supermercados. Gente que parece decente son en realidad unos ladrones que están organizados para saquear y robar todo lo que se pueda. Instalen más cámaras en los súper o su negocio se va a pique.

Vivo en un mundo donde la mitad de los adolescentes están a un paso de entrar a su colegio armados y matar a todo el que se les ponga por delante. La culpa, una vez más, de los videojuegos y de internet que, por cierto, va a acabar con el cine la música y no sé qué más.

Si tienes hijos pequeños, ni se te ocurra dejarlos salir un segundo a la calle porque ahora están secuestrando niños, y si no, mira lo que le pasó a aquella niña de Huelva (que tiene hasta telefilme de Antena 3).

Y ahora, la humanidad al borde del Apocalipsis por la gripe porcina. Si no lo evitan los fabricantes de mascarillas, claro.

¿Cómo que no? Si es lo que dicen en la tele

(Sí, Jordi Hurtado sigue exactamente igual)

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Gran Torino

Viernes, 20 de Marzo de 2009 picomike 13 comentarios

Aunque no me gusta demasiado recomendar cosas porque cada uno es hijo de su padre y de su madre y porque para gustos, colores, en esta ocasión no me voy a reprimir y voy a recomendaros a todos sin excepción la última película que recuerdo que haya valido lo que me ha costado en taquilla.

Os aseguro que os gustará porque cuando fuimos al cine, éramos un grupo bastante heterogéneo en este tipo de asuntos y por una vez esta película nos unió a todos en una opinión común: Gran Torino mola.

No voy a contar ni un ápice del argumento. Me encantaría que no supieras siquiera de qué va para que el argumento te atrapara aún más. A mí de hecho me encantaría olvidarla para verla de nuevo. Sólo diré tres cosas, que es posiblemente la última película de Clint Eastwood como actor, que a sus 78 años sigue manteniendo la esencia que le hizo ser grande y que si no la has visto, ya estás tardando.

Y es que, sin ser tampoco un gran peliculón, seguro que te gusta. Ya me contarás. Y si la has visto, seguro que me das la razón, ¿a que sí?

Torino

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