Hoy es uno de esos días guays en el blog. Estaba yo aquí tan ricamente ordenando fotos de mis fugaces vacaciones cuando he recordado que había nueva versión de WordPress, así que presto manifesto me he puesto a ello. No puedo usar la opción de actualización automática porque mi hosting no me lo permite, así que me he puesto manos a la obra y en una media hora estaba todo listo. ¿Y ahora qué? Pues qué mejor que aprovechar la coyuntura de trajineteo, y la reciente renovación de mi dominio, para culminar todos estos cambios internos con uno que se vea: Por si nadie se ha dado cuenta, he cambiado el tema.
Ni que decir tiene que me encanta y, por supuesto, no he cambiado ni una sola coma de su código. El nombre tan largo de este blog se descuadra, se monta sobre el enlace del feed y queda raruno, pero llevo viéndolo toda la mañana y me gusta. Así que así se queda.
No soy de anunciar este tipo de cosas, así como tampoco celebrar los aniversarios, los mil comentarios, los quinientos posts, pero me maravillo cada vez que alguien se pasa por aquí, por este blog desértico, semi-abandonado y lleno de telarañas. Así que, y esto sí que me gusta, os lo agradezco una vez más, a los habituales, a los esporádicos, a los que me tenéis en vuestro lector de feeds y de vez cuando me hacéis clic. Sí, a ti que llegas buscando en google el Frigurón, incluso a ti también. Gracias, coleguillas.
En fin, que aquí seguimos, con un aspecto renovado, un toque retro, pero el mismo blog. Como aparece de vez en cuando en la descripción, más de lo mismo por el mismo precio. Pásense cuando quieran. Están más que invitados.

